Washington D.C., 1 de marzo de 2025 – La capital de Estados Unidos está nuevamente al borde de un torbellino político, y esta vez no son los demócratas quienes encienden la mecha. En un giro inesperado, la posibilidad de un nuevo impeachment contra el presidente Donald Trump está cobrando fuerza, pero lo sorprendente es que el impulso no proviene exclusivamente de los círculos progresistas, sino de un sector cada vez más vocal dentro del propio Partido Republicano. Las acusaciones son graves: alta traición, motivada por su creciente acercamiento a Moscú y un incidente reciente en la Casa Blanca con el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky que ha dejado a muchos en el establishment republicano profundamente inquietos. Un cambio de guardia en el Partido Republicano Desde su regreso al poder en enero de 2025, Trump ha gobernado con la audacia que lo caracteriza, impulsando políticas que han dividido tanto a la nación como a su propio partido. Sin embargo, lo que inicialmente parecía una luna de miel con una base republicana fortalecida por el movimiento MAGA está comenzando a resquebrajarse. Según informes recientes, al menos siete senadores republicanos han expresado públicamente su rechazo a la postura pro-Rusia de Trump y sus comentarios despectivos hacia Zelensky, a quien llegó a calificar de "dictador" en una rueda de prensa el pasado 19 de febrero. Este número, aunque pequeño en apariencia, es significativo: en un Senado donde los republicanos ostentan una mayoría ajustada de 53 a 47, perder el apoyo de un puñado de legisladores podría torpedear la agenda de Trump y, en el peor de los casos, allanar el camino para un juicio político. Entre los disidentes se encuentra el senador Mitt Romney, un crítico constante pero ahora más influyente dentro de un partido que parece agotado por las maniobras impredecibles de Trump. Romney ha sugerido que las acciones del presidente están "socavando la seguridad nacional" al priorizar una relación cordial con Vladimir Putin sobre los intereses de los aliados de la OTAN. Otros, como el senador Bill Cassidy —quien votó a favor de condenar a Trump en su impeachment de 2021—, han redoblado sus advertencias, señalando que el acercamiento a Moscú podría ser interpretado como una traición a los principios fundacionales del partido. El incidente Zelensky y la chispa que encendió la mecha El punto de inflexión llegó hace apenas una semana, el 28 de febrero, cuando Trump recibió a Zelensky en la Casa Blanca para discutir un controvertido acuerdo de minerales multimillonarios. Lo que se esperaba como una reunión de rutina se convirtió en un espectáculo diplomático que dejó atónitos a observadores de ambos lados del Atlántico. Según fuentes cercanas, Trump habría presionado a Zelensky para que aceptara condiciones favorables a intereses rusos a cambio de apoyo militar continuo, un eco inquietante del infame telefonema de 2019 que desencadenó su primer impeachment. Testigos afirman queTrump llegó a culpar a Ucrania por la guerra con Rusia, una narrativa que alinea sospechosamente con la propaganda del Kremlin. La reunión terminó abruptamente cuando Zelensky, visiblemente frustrado, abandonó la sala tras acusar a Trump de "vivir en un espacio de desinformación". Horas después, el presidente estadounidense respondió en redes sociales, llamando a Zelensky "un dictador" y sugiriendo que Ucrania debería "agradecer" a Estados Unidos en lugar de cuestionarlo. Este intercambio no solo enfureció a los ucranianos, sino que también avivó las llamas entre los republicanos que ven en la postura de Trump una ruptura con décadas de política exterior conservadora. Acusaciones de alta traición Las palabras "alta traición" han comenzado a resonar en los pasillos del Capitolio, y no son los demócratas quienes las pronuncian con más vehemencia. Figuras como el representante Liz Cheney, aunque ya no está en el Congreso, han reaparecido en el discurso público para advertir que Trump está cruzando una línea peligrosa. "Cuando un presidente de Estados Unidos prioriza los intereses de un adversario como Rusia sobre los de nuestros aliados, estamos ante algo más que un error de juicio: es un acto que podría calificarse de traidor", escribió Cheney en una columna reciente. En el Senado, el senador Marco Rubio, otrora aliado de Trump, ha adoptado un tono más cauto pero igualmente crítico. Rubio, miembro del Comité de Inteligencia, ha insinuado que las interacciones de la administración con Moscú podrían estar bajo escrutinio, especialmente tras reportes de que funcionarios rusos celebraron en privado el "éxito" de su influencia sobre la Casa Blanca. Alexander Gabuev, director del Carnegie Russia Eurasia Center, afirmó esta semana que "Moscú está muy complacido" con los primeros resultados de su "ofensiva de encanto" sobre Trump, una declaración que ha alimentado las sospechas de colusión. ¿Un impeachment viable? A pesar del creciente malestar, la viabilidad de un impeachment sigue siendo incierta. Los republicanos controlan ambas cámaras del Congreso, y el movimiento MAGA sigue siendo una fuerza dominante dentro del partido. Sin embargo, la historia reciente demuestra que las mayorías ajustadas no son inmunes a la disidencia. En 2021, siete senadores republicanos votaron para condenar a Trump tras el asalto al Capitolio; hoy, con una base más fragmentada y una agenda internacional en juego, ese número podría crecer. Los demócratas, por su parte, observan desde la barrera. El representante Jamie Raskin, un veterano de los esfuerzos previos contra Trump, señaló con sarcasmo el 4 de febrero que estaría dispuesto a liderar otro impeachment "si me encuentran dos republicanos". Ahora, con el descontento republicano en aumento, esa posibilidad parece menos descabellada. Sin embargo, algunos analistas advierten que los demócratas podrían optar por mantenerse al margen, dejando que las divisiones internas del GOP se intensifiquen sin arriesgar capital político. El camino adelante El reloj político está corriendo. Si las acusaciones de traición ganan tracción, el Congreso podría verse obligado a actuar, ya sea mediante investigaciones formales o, en el extremo, artículos de impeachment. Para que esto prospere, se necesitaría una coalición improbable de republicanos moderados y demócratas unidos, algo que no se ha visto desde los días de Nixon. Por ahora, Trump parece imperturbable, confiado en su control sobre la base republicana y su habilidad para capear tormentas políticas. Sin embargo, el incidente con Zelensky y el giro hacia Moscú han expuesto fisuras que podrían resultar fatales. En un partido que alguna vez se enorgulleció de su firmeza contra el comunismo soviético, la ironía de un presidente acusado de favorecer a Rusia no pasa desapercibida. Washington contiene el aliento mientras el espectro de un tercer impeachment se cierne sobre la presidencia de Trump, esta vez con sus propios correligionarios sosteniendo la antorcha. ¿Será este el fin de la era MAGA o simplemente otro capítulo en la saga de un líder que desafía todas las normas? Solo el tiempo lo dirá.