Washington, D.C.— La reciente decisión del Departamento de Estado estadounidense de nominar a la activista cubana Rosa María Payá para integrar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha provocado un encendido debate entre sectores del exilio cubano. Payá, conocida defensora de derechos humanos y líder del movimiento prodemocrático "Cuba Decide", ha sido propuesta para ocupar un asiento en este prestigioso organismo internacional, cuya elección se llevará a cabo el próximo 27 de junio en Antigua y Barbuda, en el marco de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA). La administración del expresidente Donald Trump respaldó públicamente esta candidatura, subrayando en un comunicado oficial la destacada trayectoria de Payá en favor de los derechos humanos, la democracia y la estabilidad política en América Latina. Actualmente al frente de la Fundación para la Democracia Panamericana, Rosa María Payá ha ganado reconocimiento internacional gracias a su labor incansable para impulsar un referéndum vinculante sobre el futuro político de Cuba, a través de la iniciativa "Cuba Decide". Su lucha se inspira, en gran medida, en el legado de su padre, Oswaldo Payá, líder histórico del Movimiento Cristiano Liberación, fallecido en circunstancias sospechosas en 2012—un hecho calificado por activistas y familiares como un crimen perpetrado por el régimen cubano. Pese al respaldo oficial, la candidatura de Payá ha sido duramente cuestionada por diversos grupos dentro de la comunidad cubana en el exilio, quienes han expresado públicamente sus reservas. Usuarios influyentes en la red social X han señalado que la propuesta responde más a una estrategia política del expresidente Trump que a una elección genuina basada en el consenso entre los activistas cubanos dentro y fuera de la isla. “Rosa María Payá no representa a toda la diáspora cubana; su proyecto, Cuba Decide, ha tenido escaso impacto tangible. Esto parece ser más una maniobra política que una verdadera contribución a nuestra causa”, publicó el usuario identificado como @CubanoLibre305. En la misma línea crítica, otro usuario destacado en redes sociales, bajo el pseudónimo @ExilioUnido, cuestionó la independencia de la activista: “No necesitamos que se impongan desde el exterior candidatos alineados a agendas políticas particulares. La CIDH requiere voces auténticamente independientes y comprometidas únicamente con los derechos humanos, no instrumentos al servicio de intereses partidistas”. Sin embargo, estas posturas críticas conviven con un amplio sector de la comunidad cubana en el extranjero que celebra la nominación como un reconocimiento importante hacia la resistencia democrática en Cuba. Muchos ven en Payá a una figura simbólica cuya presencia en un organismo internacional podría aportar mayor visibilidad a la situación de los derechos humanos en la isla, fortaleciendo así las demandas internacionales hacia el régimen de La Habana. Más allá de las divisiones internas que esta candidatura ha evidenciado, el debate en torno a la figura de Rosa María Payá refleja una disputa más profunda sobre las vías más efectivas para ejercer presión sobre el gobierno cubano desde el ámbito internacional. La decisión final de la Asamblea General de la OEA en junio podría marcar un precedente significativo no solo para la activista cubana, sino también para el futuro de la política exterior estadounidense hacia Cuba y el papel que jugará el exilio en esa estrategia.