Política

Sorpresa en la Casa Blanca: ¿Un primer paso hacia la paz?

Trump y Putin acuerdan una pausa histórica en los ataques a Ucrania, pero las tensiones siguen latentes. ¿Qué significa realmente esta tregua?

  • 19/03/2025 • 07:37

Washington D.C., 19 de marzo de 2025 — En una conversación telefónica de 90 minutos celebrada el martes, los presidentes Donald Trump y Vladímir Putin lograron un acuerdo preliminar para suspender durante 30 días los ataques a la infraestructura energética en Ucrania, un paso que ambas partes presentaron como un avance hacia la distensión en el prolongado conflicto. Sin embargo, las esperanzas de un alto el fuego completo se desvanecieron cuando Putin rechazó la propuesta estadounidense de una tregua general, dejando en evidencia las profundas diferencias que persisten entre Washington y Moscú.

El diálogo, que tuvo lugar a las 10 de la mañana hora del este, fue descrito por la Casa Blanca como un esfuerzo conjunto para poner fin a las hostilidades que han devastado Ucrania desde hace más de tres años. Trump, quien ha hecho de la resolución rápida del conflicto una prioridad desde su regreso al poder, propuso la pausa en los ataques a instalaciones energéticas como un gesto inicial hacia la paz. Putin, según el Kremlin, aceptó de inmediato y ordenó a sus fuerzas cumplir con la medida, aunque condicionó cualquier avance mayor a demandas que Kiev y sus aliados consideran inaceptables. Entre ellas, destacó la exigencia de detener por completo la asistencia militar extranjera a Ucrania, un punto que Moscú calificó como esencial para evitar una escalada.

La llamada, que marcó el primer contacto directo de alto nivel entre ambos líderes en años, reflejó tanto el potencial como los límites de la diplomacia personal de Trump. Mientras la Casa Blanca subrayó que los mandatarios coincidieron en la necesidad de una paz duradera y en mejorar las relaciones bilaterales, el Kremlin enfatizó que cualquier solución debe abordar las “causas profundas” del conflicto, un eufemismo que alude a su rechazo a las aspiraciones de Ucrania de integrarse a Occidente. Este intercambio dejó entrever que, pese al optimismo inicial, las posiciones de fondo permanecen irreconciliables.

El trasfondo de la conversación añade un matiz significativo. La semana pasada, Ucrania había aceptado en Jeddah, bajo presión estadounidense, una propuesta de cese al fuego total de 30 días, negociada por el secretario de Estado Marco Rubio. Sin embargo, la negativa de Putin a extender la pausa más allá de la infraestructura energética frustró esas expectativas. En redes sociales, el jefe de gabinete adjunto de la Casa Blanca, Dan Scavino, señaló durante la llamada que el diálogo “iba bien”, un comentario que contrastó con las reacciones posteriores de escepticismo en Kiev y entre los aliados europeos.

El impacto de este acuerdo parcial es incierto. Para los ucranianos, cuya red eléctrica ha sido un blanco constante de los bombardeos rusos, la pausa podría ofrecer un alivio temporal en medio de un invierno riguroso. No obstante, analistas advierten que el gesto podría ser una maniobra táctica de Moscú para ganar tiempo mientras sus tropas avanzan en el este del país. La desconfianza se vio reforzada por reportes de ataques con drones rusos sobre Kiev y otras ciudades apenas horas después de la conversación, lo que sugiere que la tregua acordada tiene un alcance limitado.

Voces internacionales también reaccionaron con cautela. Farhan Haq, portavoz adjunto de la ONU, calificó la llamada como un hecho “importante” y expresó alivio por el contacto directo entre ambos líderes, aunque evitó valoraciones sobre su efectividad. En Europa, en cambio, algunos aliados de Ucrania manifestaron preocupación por la exclusión de Kiev de las negociaciones, temiendo que el acuerdo refleje más los intereses de Washington y Moscú que los de la nación en guerra.

A medida que expertos de ambos países se preparan para trabajar en los detalles de esta iniciativa, el panorama sigue cargado de interrogantes. El compromiso de Trump de acelerar una solución choca con la intransigencia de Putin, mientras Ucrania, atrapada en el centro del tablero geopolítico, observa con recelo. Si bien la pausa en los ataques energéticos podría ser un primer paso, el camino hacia una paz sostenible parece tan distante como arduo, con el riesgo de que el diálogo bilateral termine beneficiando más a los titanes en liza que a quienes soportan el peso del conflicto.